“Los tiempos siniestros”

Y no me refiero a la temporada de fin de año, las fiestas decembrinas, el tránsito colapsado de la Ciudad de México et al sino a lo ‘otro’ que se da cuenta cada miércoles en mi salon literaire con Tana Espinasa. Tampoco son el cúmulo de renuncias, noticias entorno a pre-campañas, y épocas políticas todas. Es un asunto más frívolo, como el clima, donde hoy por hoy todos somos bloggers  tal y como lo apuntó la Tía Paz hace tiempo en su columna sabatina. O como lo corea la canción de “reggeatón” en Spotify. O como quiere serlo mi consen Mau Garcia a través de sus múltiples hashtags que acompañan sus publicaciones. Y aquí el disclaimer: soy juez y parte de esta tendencia a la que ya he dedicado mucha tinta (o pila, más correctamente de mi #Samsung #Galaxy #Note8). Todo parece indicar que estoy puestísimo para cometer más pecados digitales y ayudar para que el tema se convierta en una serie tipo sigue la próxima semana, misma hora, mismo baticanal. Según la app Quality Time dedico personalmente casi 20 horas a la semana a  revisar mis redes sociales que incluyen Instagram, Twitter, Whatsapp y Facebook, entre otras a través de mi #Note8. De eso, el correo electrónico es lo menos. Me rijo por el mantra de Like 4 like y justifico mi adicción por el big data pensando en mis likes y mis compromisos todos. ¿Pero, acaso es normal? Tristan Harris nos alertó en última edición de la Ciudad de las Ideas en Puebla sobre “La Conciencia Ética de Silicon Valley”, donde no existe ni la primera, ni la segunda. Fact: los seguidores de las redes sociales suman más que aquellos de cualquier religión, incluído el Islam y el Cristianismo. Y del nivel de control que ejercen dichas  plataformas sobre nuestra vida diaria que es abrumador. Y la adicción nuestra, mayor. Y todo se ejerce a través de la “fama” y la notoriedad. O la gratificación instantánea del me gusta.  Lo que apunta Mac Kroupensky y exige una détox de la epidemia que representan las redes en su “¡Escapa de las redes sociales!” publicado en la más reciente entrega de ConvencioneS Latinoamérica que dirige Fernando Compeán, editor en jefe. Ambos escritores coinciden que por igual all of the above nos roban la atención sobre asuntos mucho más importantes y compiten tanto como el sueño lo hace con Netflix. Quién no se queja de que aparece tan solo en nuestro celular, más no en la lap top, un anuncio entre cada cuatro fotos de so called friends y tenemos que soportar todos contra el poder de nuestro libre albedrío. Y además del hecho que las publicaciones muchas veces no aparecen por orden cronológico, sino por aquel en que el algoritmo piensa que nos interesa o simplemente por ser a los que les doy like. Todo al límite de la vocación mesiánica, la pertenencia, y promoción auto-personal.  Cada vez son más las agencias que representan al colectivo de los usual suspects, y de aquí, de allá y de acullá y que buscan ‘producción de contenido, promoción de talento e implementación de estrategias digitales’. Diariamente, y en más ocasiones de las que quisiera, recibo solicitudes múltiples que siempre comienzan (aunque en diferentes idiomas) con: soy un ‘influencer’ de _________ y tengo ________ número de seguidores y busco  ✔Check! Habitaciones, ✔Check! Invitaciones  ✔Check! Locaciones  ✔Check! Productos  ✔Check! Y más más más a cambio de publicaciones en redes sociales. Son los más bellos, las más talentosas, lo más in, hip y trendy. Modelos, artistas, ‘figuras públicas’, y desarrolladores de proyectos (sic) que están descubriendo, y pimpeando a los portavoces. La estrategia estará funcionando para vender productos de consumo. Conste que es pregunta. ¿de lujo? Idem ¿reservaciones? Ni hablar. Acaso los influencers cuentan con skills de venta o logran op cit? Ayudará en nuestro país el sinnúmero de nuevos premios y distinciones? Que si Elliot Awards. Que si Mexico Fashion Digital Awards? Porqué  sólo se registran likes y tan pocos comentarios (o engagement) y siempre de miembros del club? ¿Alguien acaso lee el blog o columna que acompaña a la publicación? #Continuará. Sígueme en Instagram y Twitter en @rafaelmicha y lee todas las columnas en http://www.radarmicha.com

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