¡Acuérdate de Acapulco!

Los días de vacaciones son la más importante conquista laboral de los trabajadores. PUNTO. (O confieso que es la que más me gusta y disfruto a título personal). No es la semana ‘inglesa’ from 9 to 5, ni los horarios de ocho horas máximo, ni el aguinaldo, prestaciones, prima vacacional et al. Por supuesto, ni hablar del IMSS o del ISSSTE, no comments. Los días de asueto por ley, de acuerdo a la antigüedad y como prestación laboral, es el período en el cual invertimos casi todo nuestro presupuesto/exceso de /ahorros o –por el contrario- nos endeudamos para el año siguiente con pago chiquitos -18 meses y sin intereses. Y si no, pregunten en American Express o en Aeroméxico y el sueño de todos por conocer su más novedoso equipo: el 787. En Europa, un mes de vacaciones religioso permite a su fuerza laboral ser mucho más productiva y obvio generar más ingresos y reactivar la economía con los gastos veraniegos. En el otro extremo, en Estados Unidos –los trabajadores que menos descansan- resultado de su culpígena cultura anglosajona y protestante no les permite ni desconectarse de sus BlackBerrys Z30, y demás equipos ‘inteligentes’. Apenas disfrutan un par de long-weekends que inauguran y cierran la temporada estival. Pero, la primera vez nunca se olvida: recuerdo perfectamente cuando vi el mar. Obvio en Acapulco, donde dicho sea de paso, también se hacen los bebés más bonitos del mundo, hint hint… También me acuerdo de la primera vez que visitamos “The Happiest Place on Earth” y de igual forma de cómo el destino se convirtió -después de múltiples visitas con la “Sagrada Familia”- en toda una pesadilla. Con nostalgia me viene a la mente el viaje a Japón, el asombro al descubrir Tokio, el largo y tormentoso recorrido para realizar el ansiado peregrinaje a Naoshima y la experiencia única, irrepetible y cien por ciento religiosa, en el onsen de Karuizawa, prefectura de Nagano. Otras muchas como el año pasado un viaje a Londres. Obvio YA estoy concentrado en la planeación de las próximas, porque como reza la sabiduría popular: el mejor momento para planear las vacaciones es estando de vacaciones. ¿Shangai, Machu Pichu, Aspen o Alaska en el extranjero? ¿San Cristóbal de las Casas, Durango, o Puerto Escondido para descubrir nuestro más nuevo destino Hotel Escondido y su Laguna de Manialtepec e irreal fosforescencia? Y justo el fin de semana ante-pasado –a raíz de ser el último de las vacaciones escolares- estuve en un lugar sin comparación. Servicio a cuartos 24/7: ¡check! Departamento de relaciones públicas: ¡check! Valet parking: ¡check! Ludoteca/área de niños: ¡check! Vista panorámica: ¡check! Instalaciones ultramodernas y de vanguardia: ¡check! Concierge: ¡check! Ammenities de lujo: ¡check! SPA: maso Sólo tienen que mejorar su gastronomía y variedad del “room-service”. Ama de llaves, también. Y ni hablar del check out…Atormentadísimo. Están demasiado preocupados por los cuestionarios de calidad de servicio y satisfacción del huésped, aunque hay varias posiciones para llevarlo a cabo y una máquina de turnos como salchichonería “teeepo” City Market. Pero ni el primer ‘cajero’, ni Adolfo, ni Alejandro después pudieron hacer lo propio. Es un área de oportunidad. Pero más, más, más, hay que cambiar o / preferiblemente eliminar el pretexto para hacer check-in: una apendicitis! Porque además de pagar chorocientos mil pesos por ‘hospedarme’ el resort fue nada más y nada menos que el Hospital Ángeles de Interlomas. ¡Sin comentarios! Sígueme en twitter @rafaelmicha

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