¿Qué nos pasa?

Las vacaciones nos llevan a muchos lugares públicos en donde perdemos nuestra privacidad. Que si aeropuertos, que si lobbys de hoteles, albercas o playas públicas o privadas y clubs de idem. Trenes, camiones y taxis.  Aviones todos. A mí me tocó hacer escala técnica por hospitales y consultorios médicos, además. Nada grave. Pero en all of the above noté exactamente lo mismo: la falta de respeto a la convivencia es inminente y borda en lo desagradable insoportable. ¿Insufrible? Las llamadas telefónicas en público a todo volumen y sin censura son inauditas aunque no inéditas (y obvio sin audífonos o micrófono personal). Tantas veces más en altavoz (y con speaker a todo volumen y TODO PULMÓN). Comer en espacios también es un vicio notorio. Uso de música, “pior”. Estoy francamente en shock por la falta de civismo, educación, buenos modales et al Durante la espera o en el transcurso del viaje somos partícipes involuntarios de conversaciones -muchas veces privadas- en la arena pública. Sin nuestro consentimiento, ni el remordimiento de nadie. ¡Y el uso de teléfonos móviles en restaurantes, gym, vestidores y hasta en el WC! Insólito. Nuestros omnipresentes aparatos de telefonía cuando no son constantemente una distracción porque los consultamos ad nauseaum y nos interrumpen al recibir y contestar mensajes están ‘educadamente’ al lado de los cubiertos ¿derecha o izquierda? ¿en anverso o reverso?) como si así lo estipulara y estableciera el decimonónico Manual de Carreño. Además de su presencia y lectura furtiva (o muchas veces a propósito) nos dedicamos a responder a ridículos timbres (silbato, cantaleta, estrofas, en fin) en fuerte, a todo volúmen, y sin ni siquiera una excusa de nuestra parte. ¿Qué diría Emily Post? ¿O Ask Abby? O el decano de la civilidad y el civismo George Washington que dedicó tanto tiempo y sesudos análisis para completar su Rules of Civility texto determinante para determinar e imponer las reglas de cortesía y conducta al norte de nuestra frontera. Desde ese experimento, pasó a convertirse en el primer presidente de Estados Unidos de América. Fast forward doscientos y tantos años después estamos mucho peor y so pretexto de  la exposición que se presenta actualmente en el Museo del Estanquillo “¿Actuamos como caballeros, o como lo que somos?” me recomendó Marco Hernández mi sensei la versión para el nuevo milenio de la educación y buenos modales How to be a gentleman de Glenn O’Brian. Justo estoy llevando a cabo una autopsia de las recomendación, ejercicio que seguramente ocupará este espacio en el futuro ya que qué molesto resulta op cit! Más los que se acumulen esta semana, termine por darme cuenta, o me recuerden los lectores o cómo decía en la peli Sunset boulevard “The people in the dark”.  No dejen de escribirme para saber si sólo a mi –en lo personal me resultan esas nimiedades –que no los son tanto- así de desagradable o peor aún que ver comer a alguien con la boca abierta o hablando mientras mastica el bolo alimenticio. O todavía más grave todavía el producir ruidos innecesarios. O en otro aspecto completamente diferente la falta de ortografía que no tolero. O la falta de vocabulario.  Y ya entrados en quejas de las ‘ciencias sociales’ que les parecen los invitados que de último momento no llegan a los eventos –después de haber confirmado o la gente que cambia puestos asignados en las mesas. O que no contestan los correos, solicitudes, o RSVPs todos. Los invitados y gente que no respeta el dress code y que son dignos de críticas en programas de la televisión de paga con toda razón. Aquí no aplica cuando las sugerencias son demasiado complicadas, creativas extravagantes y parece sólo el resultado de la imaginación de los organizadores. La lista sigue y sigue –como el comercial de baterías y además de la convivencia entre las personas, también habría que hacer un alto en los servicios públicos. Ni qué hablar de los trámites de gobierno, inpuntualidad y falta de eficiencia en la programación de una visita de un técnico y proveedor de servicios tipo SKY etc. pero hoy hoy hoy namás no puedo y me mata la costumbre del camión de basura que separa los residuos en plena vía pública. No comments. Manda tus quejas y sugerencias y sígueme en Instagram y Twitter en @rafaelmicha y lee todas las columnas en www.radarmicha.com

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