Pinta la Revolución

Ya lo decía The New York Times a finales de octubre del año pasado a través de su columnista Holland Cotter bajo el título Mexican Politics, Muscular and Elegant. Así definió Cotter la más extensa exposición de arte mexicano que se inauguraba en el Philadelphia Museum of Art. Con una labor titánica por parte del Museo del Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de Mexico -y especialmente por su director / rockstar Miguel Fernández Félix se llevó a cabo una relectura de más de 70 años de arte mexicano. Hoy toca en el Radar del Centro Histórico, cerquitita de Downtown México y para celebrar organizamos sendo desayuno para que en petit comité descubramos los logros de la exposición. Pinta la Revolución es justo lo que recetó el doctor ante los embates del presidente Donald Trump, la “nueva” ola de nacionalismo (en redes sociales, tribunas políticas, et al) que marca el discurso de ambos / dos lados del Río Bravo, y que curiosamente tiene una tradición de tantísimas décadas. Obvio, la muestra es una oportunidad única para ver la colección modernista del museo de Filadelfia, pero más, más, más, hacer una relectura de los icónicos murales portátiles que Diego Rivera creó en 1931 para su histórica muestra en el Modern Museum of Art (MoMA) de Nueva York. Sí, la segunda después de Henri Matisse en ese recinto. Si, justo con la polémica del mural de Rockefeller Center. Si, cuando en la Gran Depresión Rivera asuzó a los norteamericanos a la revolución, a defender los valores sociales, la equidad y a un ‘nuevo’ descubrimiento de sus vecinos de Sur. Bellamente montada en las salas del Museo del Palacio de Bellas Artes la expo es un must para visitar durante la primavera (ya que estará allí hasta abril del 2017). Timothy Rub, The George D. Widener Director y CEO del Philadelphia Museum of Art -digno sucesor de Anne d’ Harnoncourt- se dio a la tarea de montar piezas icónicas de Frida Kahlo, Rufino Tamayo, Orozco y Siqueros pero además amplió el panorama con sus contemporáneos y hasta con el residente estrella de Downtown Mexico Manuel Rodriguez Lozano e incluyó su mural “El Holocausto” (1945) donde recibe una importante relectura.  Desde 1910, con clara influencia de las escuelas europeas como el impresionismo, el simbolismo y el cubismo, hasta la incorporación de la cultura local los artistas posrevolucionarios reflejaron la nueva realidad del país como una respuesta al proteccionismo norteamericano de aquella época. Fast forward noventa años y se repite la misma historia una vez más, y ahora una nueva generación tiene la responsabilidad de hacer lo propio. De la misma manera en la que estridentistas y “contemporáneos” dejaron a un lado el folclor y la historia ahora la generación de artistas que viven en nuestro país deben formular una propuesta combativa y pertinente para unificar y enarbolar en nuestro país en contra de los embates por Twitter. La cultura y el soft power son más efectivos que los muros, los memes, los ataques, y las descalificaciones. El título de la exposición es del escritor John Dos Passos quien viajó a la ciudad de México entre 1926 y 1927 y fue testigo de la efervescencia de la época. Con un rooster inigualable de curadores de aquí, de allá y de acullá  como Matthew Affron  Muriel and Philip Berman Curator of Modern Art, Mark A. Castro Project Assistant Curator European Painting Philadelphia Museum of Art; Dafne Cruz Porchini, Postdoctoral Researcher El Colegio de México, y  Renato González Mello, Director del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM la muestra -tan enciclopédica- es también histórica en su esfuerzo y resultado. Solo se compara a la organizada hace un par de años por el MoMA la cual conmemoró los 70 años de la exposición en Nueva York de Diego Rivera. Desde Mexican Art Today, organizada en el Philadelphia Museum of Art en 1943 nada había conjuntado los esfuerzos a ambos lados de la frontera para re-evaluar la colección de arte mexicano perteneciente al museo de Filadelfia y que incluye  piezas pre-hispánicas, arte colonial-era y estupendas obras de arte como  Autoretrato con Popocatépetl (1928) del Dr. Atl, Tres Desnudos (1930) de Julio Castellanos, Carrera de Bicicletas (1938) por Antonio Ruiz, Guerra (1939) de David Alfaro Siqueiros, Perro Rabioso (1943) de Rufino Tamayo, y obvio dos de los murales portátiles de su colección: La liberación del Peón y Caña de Azucar (1931) de Diego Rivera. Y ni qué decir de la colección Duchamp que justo cumple 100 años Fountain, R Mutt (1917). De Bellas Artes sólo queda hacer las maletas para visitar asap a Dallas el próximo 10 de marzo para ser testigos de la inauguración de la muestra que viaja desde el Grand Palais y abre sus puertas ese día. ¡Así o más talentosos! (los de ayer, los de hoy, y los de mañana) Sígueme en Twitter e Instagram en @rafaelmicha y lee todas las columnas en radarmicha.com

 

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