Marathón Millesime-Reyes

Si la gula es un pecado capital pues entonces que excomulguen a los grandes chefs del mundo mundial, a las mayoras de todas las cocinas y obvio a mi repostera consentida. Y que empiecen por el principio con los Manueles Quintanero (padre e hijo) cómplices y creadores de Millesime México y Nicolás Vale. El evento que se organizó por cuarta ocasión cerquita de nuestro #Radar es pecaminoso a todas luces -y con sus respectivas letras mayúsculas. Millesime reunió a más de 25 personalidades de la alta cocina mexicana e internacional y fue como una gran celebración de la glotonería y el ámbito gourmet. ¡Pero si a Millesime México –que también se organiza en Madrid un poco antes- le sumamos que coincidió el mismo fin de semana con el evento Nuestro Mercado de Quesos Mexicanos y más…que organiza el Museo de Artes Populares (MAP) pues más candidatos para ser excomulgados se suman a la lista final! Lo del MAP fue una magnífica oportunidad para disfrutar también de mezcal, y en suma de todos los colores, sabores y olores que se pueden percibir a lo largo de la historia de la alimentación de México. Fue una verdadera mezcla de los alimentos que entretejen las costumbres, tradiciones y desarrollo de nuestro país. En el Teatro Ángela Peralta -además de quesos artesanales- encontramos y degustamos mermeladas y café -entre muchos otros productos más. Así, ni la misa dominical pudo ayudarnos la semana pasada y eximirnos del pecado de gula. Ni las indulgencias, ni con compra del perdón. Por nada, ni por castigos papales propios de la serie de CINEMAX BORGIA, me podía perder la sopa de boletis, castañas y yema de huevo que preparó Francis Paniego en el restaurant AGUACATE de Millesime México. Tanto la sopa como el Ibérico glaseado, champiñón y clorofila fueron soberbios. Un par de años atrás recibí la pecaminosa invitación de Deby Beard para visitar La Rioja y in situ caí rendido ante la genialidad de Francis Paniego, el Chef estrella de El Portal del Echaurren. Paniego -quien transpira creatividad con sus espumas, esferas y caviares únicos- colaboró con Moreno Cedroni y Mads Refslund. Las memorables creaciones de los tres aún siguen atormentándome que terminaré en el séptimo circulo del infierno, pero las de Francis especialmente han hecho más fuerte el deseo para que busque la vuelta a Ezcaray la cual bien vale la misa de ocho y el nada solemne ritual que siempre incluye sus “doce ideas”. Algunas son el “paseo por el monte” o “humedad de la pradera” todas para degustar en su restaurant riojano. Tres meses de hibernación al año son pocos para que Paniego pueda concebir el cúmulo de nuevas ideas gastronómicas, la propuesta de total vanguardia y la hospitalidad -sin par- que él, su madre y su hermano logran en El Portal de Echaurren. En México tuvimos una probadita de dos tiempos apenas, y todos los “mexicanos al grito de guerra” pudieron comprobar cómo es posible hacerse acreedor a 2 estrellas Michelin en feudo propio y 1 Estrella Michelin en el Hotel Marqués de Riscal –salvo dicho sea de paso diseñado por Frank Gehry. ¡Excomulgación a todos los protagonistas! Y que se sumen a esta lista los herederos de Charlie Wagner, creadores del Meiomi Pinot Noir 2010 elaborado por Caymus que representa con acierto Mauricio Lamadrid de Vinos Wagner. También Eduardo da Silva pecaminoso y culpable de un par de kilos más gracias a su Praliné de Avellana con su maravilloso daqois. El casting de 800 más o menos asistentes se compuso de tres categorías según mi editora de revistas favorita: los “Lord of the Rings” (casados, obviamente y ocultándolo), los “canaperos” (que hicieron todo lo posible por conseguir un invitación este año, después del ‘buzz’ de pasadas ediciones), y aquellos asistentes “enamorados de las edecanes”. La etiqueta formal se relajó, aunque NO estaría mal reforzarla para la próxima edición del 2015 y que no sea tan fácil identificar a aquellos asistentes que NO recibieron invitación y llegaron de último momento sin aprovechar el networking y la convivialidad. El menú de Sabores Modelo también gustó, especialmente las creaciones del limeño Christian Bravo. Lo primero que me viene a la mente es que fuimos “prisioneros” de Quintanero como aquellos invitados a la peli de Buñuel “El Ángel Exterminador” y no podíamos salir del recinto y que todo se terminó como el final de “The Wife, The Cook, The Thief and his Lover.” Sígueme en Twitter e Instagram y lee todas las columnas aquí en radarmicha.com

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