Guadalupe

En México todos somos Guadalupanos, y quien festeja su “diablo” es la presidenta y fundadora del club de Fans de “Las Niñas Bien”. Al cumplir 40 años desde su publicación original, Lupita es toda una guerrera. A últimas fechas ha lidiado con problemas de salud;  ¡prueba superada! Sus Niñas Bien -que cumplen cuarenta- siguen guapisímas, vigentes, extraordinarias, y cero menopáusicas. Como una botella de Champagne Cristal vintage. Obvio, todo un referente obligado. Como mis amigas: espléndidas. Espectaculares y elegantes.  “Borrachas, pero buenas muchachas.” Mis copis. Empoderadas. “Las Niñas Bien” a cuatro décadas de su publicación no debe ser leído ni analizado bajo la óptica del feminismo a ultranza. Ni con base de un desgastado paradigma antropológico, o política y socialmente correcto. Es ironía y sátira y no aplican ninguna de agendas invisibles, todas propias de comienzos del siglo XXI: White privilege, purple washing o women studies.  Más correctamente, debe ser visto como la crónica de una época. De una sociedad y de un México de excepción. Muy a la usanza de las de Fanny Calderón de la Barca y el libro Life in Mexico con relatos de viajes del siglo XIX sobre la vida, la cultura y el paisaje de un México de antaño, escrito durante su estancia de 1839 a 1842 en formato epistolario. Guadalupe -tal y como la marquesa Fanny, una escocesa enamorada de México- es una creyente fiel de ese México existe sólo en su imaginación. Ambos relatos románticos en su percepción ahondan en una situación de una sociedad sin resguardo alguno por la situación política o económica. Heredera de un menú genético sin igual, inconsciente o conscientemente nos comparte “su” realidad que la rodea. El libro aborda la necesidad de pertenencia y en 40 años y diferentes modas aún existen distintos colores y bandos opuestamente cercanos Habla de la sempiterna crisis. De constantes y referentes obligados como el tráfico, los baches, y las manifestaciones. Ahora ilustrado por Pedro Friedeberg aborda más de nuestra relación de amor odio con México, la patria, la ciudad et al Común denominadores en 40 años siguen siendo la inflación y la preocupación por el dólar ahora aderezadas por los asaltos, la violencia y el narco, las redes sociales y el susodicho algoritmo. Siempre un árbitro social, mi ahijada refleja las preocupaciones de los últimos 40 años, como antes lo hizo el “Duque de Otranto” con “Los trescientos y algunos más”, Barrios Gómez y la ensalada Popoff y El Heraldo de México (pero el “otro” heraldo) con sus “Quicks del Jockey” y “Cómo se divierten en Aca». All of the above aquí en México, pero allende del Río Bravo a finales del siglo XIX durante The Gilded Age lo fue Ward McAllister al definir la sociedad con base en el número exacto de los invitados que cabían en el salón de baile de la Sra. Astor. Es una línea del tiempo, de los momentos de 40 años: la devaluación del peso, la nacionalización de la banca, los mex-dólares, los tres ceros, la inflación galopante etc, etc, etc,De las marcas de lujo que desparecieron como Aries, Pixie, Aca Joe, La Marquesa, Ortega y Matsumoto,  y sobreviviente Fratinna de Niobe y Aurora. De las andanzas de la gente nice, del extinto PSUM. Guadalupe y el rechazo como privilegio y sus preocupaciones, todas. PS Aquí lo que sí importa. Lee todas las columnas en radarmicha.com y sígueme en Instagram, en X y en Threads @rafaelmicha

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