De Valle Salvaje

en la ficción -con su elenco estelar- a Valle de Bravo, con una compañía de antología a apenas a hora y media de distancia en auto desde la Ciudad de México. Valle es el pretexto ideal para organizar un #roadtrip Lo que en los años sesentas fue el paraíso exclusivo de veleristas que organizaban paseos de ida y vuelta para practicar este deporte (muchos de los cuáles se convirtieron en los representantes de nuestro primer equipo olímpico) hoy es para todos. Sin lugar a dudas mi destino favorito para el verano ya que no decepciona. La carretera obra de hace un par de sexenios sobrevive pese al pésimo mantenimiento de los últimos 7 años. Parece que hay un carril exclusivo para Maseratti, Porsche, y otros SUV eléctricos y de largo alcance. Todo verde en épocas de lluvia (que no ha dado tregua), con parcelas color esmeralda y una campiña divina. Paisajes dignos de José María Velasco y no hay que ir hasta la National Gallery de Londres. Se goza el trayecto aún con las obras cerca del negocio de mi consen Esteban Abascal. Villa Victoria,  preciosa. Y qué ganas de quedarse en el pueblo mágico.  En Casa Rodavento et al para descansar y hacer algo de hicking o turismo de aventura con Valdemar. Pero nada mejor que jugar de local en una casa en La Peña, y redescubrir su exclusivo Club #detodalavida o El Escondrijo –donde sí permiten visitas. Obvio una visita a Los Veleros -que no decepciona. Y nada como ser testigo del crecimiento del lago gracias a las intensas lluvias. O de entrada por salida con Walo: sus plantas, sus verduras orgánicas, y comprobar donde empezó todo con las ideas de sustentabilidad y orgánicas….hace 30 años o más! Antes de que estuviera de moda. Un verdadero precursor. El Garden de Walo proveedor original de productos orgánicos, ahora atendido por su hija Micaela (de previa reputación por Delirio) con “garden” y cafetería –ambos cerca de Acatitlán y siempre pet friendly. Y disfrutar de las mañanas soleadas, las tarde lluviosas que antojan un mezcal (o dos!) “¡Verde qué te quiero verde”: el lago, la campiña, el bosque. Y desde la mejor casa de ídem (sorry not sorry) en La Peña con opíparas comidas, conversación sin fin, vinos todos y recetas a prueba de todo, más, más, más. Deportes acuáticos como el ski (con escala técnica y obligada en La Balsita), y el más novedoso kite foil. O caminata desde la playa de El Rincón del Mosco hasta la cascada Velo de Novia (y drinks desde tu Master Craft en La Botana.  Igualmente encantadora la vida de campo -salvo para aquellos que han transportado exactamente su rutina y espacios citadinos.  Rancho Avándaro e Iziar. Ser un “hortelanos” el fin de semana y hablar de alcachofas, berenjenas, y lechugas. Jugar a la petanca comme il faut con los más hispters. El dolce far niente. Urge regresar. Tú tan Val-d’Oise y yo tan Valle de Bravo. PS Aquí lo que sí importa. No dejes de seguirme en Instagram para que veas todo lo que sucede y leerme en X y Threads en @rafaelmicha y lee todas las columnas en la web en http://www.radarmicha.com

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