Como lo llamaban nuestros antepasados, un día aciago, de esos que se perdían en el calendario mesoamericano y servían para ajustar y evitar que pasara algo malo. Y lo creo fehacientemente porque yo soy de Huichapan, Hidalgo. Hijo adoptivo. A veces hasta pródigo. De Abasolo esquina con Rojo Gómez. Putativo, porque tú me hiciste y me nombraste. Me convertiste. A golpe de corazón. En nuestros trayectos por Polotitlán. Como uno a uno de los demás conversos que con tu amor, tu generosidad et al lograste. Así dicen todos. Nunca había visto un tsunami parecido de amor. Hacía tí, por tu partida, y nuestra gran y enorme pérdida. Tu luz es el común denominador. Tu alegría, sonrisa, y generosidad. Tu bondad para los que ayudaste en el Hospital de Juárez. En el Instituto Nacional de Pediatría y su gemelo de Neurología. En tu SIVAM de Pepita, tan consentida. A todos y cada uno les cambiaste la vida. En el Día del Niño. En el Día de la Madre. Con tu esfuerzo. Con tu apoyo monetario certero y contundente. Donando. Siendo activista. Invirtiendo tu tiempo –más que nada. Diríamos “responsabilidad social” y activista. Para el partido de tu vida. Y ni que decir de nosotros. Como a la comunidad de mujeres de Tantoyuca, Veracruz que heredaste de Maria Teresa. Siempre, el común denominador es ser tan generosa y alegre. También a todas luces elegante y tan arreglada. Entre tristeza, esperanza y felicidad de que te encuentres bien, pido entender todo con base en ese concepto extraño sisu de resistencia finlandesa para el invierno. Necesito esa fuerza, esa perseverancia -que para otros podría parecer una locura- para levantarme cada mañana y seguir adelante pues I’m barely here. Es algo tan fácil pero casi imposible de hacer. Ese secreto sería lo único que ocupo ahora mismo –ahorita- para encontrar una fuerza interior ante tu voluntad anticipada, tu personalidad tan ordenada. Tu regalo donde fuiste harto generosa, hasta el mero final donando tus órganos. Para mí todo tan repentino, y al mismo tiempo todo a velocidad glacial. Para nuestros amigos, peor aún. Tan rápida tu partida, tan inesperada. Estoy huérfano -doblemente. Y viudo. Sin nadie. ¿Porqué no existe palabra alguna en castellano para describir mi “estado civil”? Solo. Pero de aquellos lares tan remotos, encontraré en mis entrañas –donde habitas desde tanto- harta fuerza. En mis intestinos. Porque esa fuerza está reservada para momentos especialmente desafiantes y seguramente está en mí. Y así han sido los últimos días. ¡Para siempre, eternamente Lal! PS Aquí cada viernes, lo que sí importa. Y no dejes de seguirme en Instagram para que veas todo lo que sucede y leerme en Facebook, X y Threads @rafaelmicha