Nuestra amada ciudad, casi apocalíptica y que únicamente existe en la imaginación. Con tráfico insoportable. Manifestaciones ad nauseaum. Contaminación -de vez en vez. Semáforos que no funcionan. Ciudadanos que no respetan los reglamentos de tránsito. ¿Acaso dije tráfico? Ahora mismo asediada por una versión novosecular de plagas. Como las bíblicas y de iguales proporciones. De personas indigentes en cantidades insospechadas, y siempre en aumento, y una situación de calle deplorable como en avenida Presidente Masaryk –por ejemplo- donde cuento al menos 10 “vecinos” recurrentes en las cinco cuadras que camino diariamente. ¿Algo? ¿Alguien? Alcalde, jefe de gobierno, coordinadores de la cuarta transformación. La CDMX repleta de propaganda electorera (vs. electoral), a MESES de que empiecen las campañas oficiales. Y ni qué decir de la distancia aún de las elecciones. Bardas repletas de impresentables que contaminan visualmente y no respetan la legislación que han dejado de ser candidatos o representantes de fill in the blank Otra más insufrible son los microbuses que se han convertido en una pesadilla recurrente. Y ni qué decir de los camiones de doble remolque que transitan sin seguridad en autopistas de acceso, vías de alta velocidad y por todos lados sin discriminación. Y la inseguridad que afecta todas las alcaldías, de noche y de día y sin respiro alguno con un altísimo índice de feminicidios. Los baches –después de la temporada de lluvia. Un peligro. Un riesgo. Causantes de la depreciación acelerada de los autos, transporte público, y responsables de múltiples accidentes. La basura que se acumula día con día. Los camiones recogedores que separan el desperdicio en plena calle, durante el proceso de la recolección. Pepenadores sin horario ni fecha en el calendario. Preocupa -de igual manera- la extorsión, levantamientos y violencia digital. ¿Incluí en la lista acaso los feminicidios? All of the above producto de un “gobierno” y un estado fallido a todos los niveles y de una burocracia y “servidores públicos” que no trabajan y están convertidos en chapulines tal y como las langostas de antaño, buscando nuevos huesos que roer e instalados en nueva plaga. A todo lo op cit se suman los motociclistas. La plaga número uno -hoy por hoy- y la más letal, peligrosa y preocupante. Por todos lados. En todas las vías. Sin infracciones, sin intenciones de parar. Esperemos que por NINGUNA de las anteriores ocurra lo peor: la muerte de los primogénitos. PS Aquí cada viernes, lo que sí importa. Y no dejes de seguirme en Instagram para que veas todo lo que sucede y leerme en Facebook, X y Threads @rafaelmicha